Cómo llegué a la fotografía.

Erik Murillo geólogo
Erik Murillo en el Popocatepetl, con el Izta en el reflejo.

La gente que recién me conoce piensa que siempre he sido fotógrafo, y si bien, desde niño me ha llamado la fotografía, nunca fue siquiera una opción que pensara en mi niñez o tierna juventud. Les voy a contar esta historia:

Desde niño tuve acceso a las cámaras de fotografía. Recuerdo que mi primer cámara fue una Kodak Instamatic, cuyas fotografías hoy en día están pálidas pero seguro serían la delicia de la comunidad hípster actual.  Con ella hacía fotografías de algunos de mis viajes vacacionales y de mi vida cotidiana. Veía fotografías en libros y eran tan distintas a las mías. Era un niño, no sabía realmente por qué eran tan diferentes y cómo podría llegar a hacer algo parecido.

Precisamente ver tantas imágenes en libros me hicieron, años más tarde, buscar una carrera en el área de ciencias, sin saber exactamente cuál me inscribí en el área físico-matemáticas en el último año de preparatoria, dejando fuera a la fotografía de mi vida profesional. Fue de esta forma que al elegir una carrera solicité como primera opción Ingeniería Geológica en la Facultad de Ingeniería, y como segunda opción Física, en la Facultad de Ciencias, ambas de la UNAM.

Por supuesto me quedé en mi primera opción, y durante algún tiempo (ok, bastante tiempo…) no tuve contacto con la fotografía, hasta que entré en las materias propias de mi carrera (en aquel tiempo, el plan de estudios marcaba un tronco común de física y matemáticas de dos años más el propedéutico, en el Anexo de Ingeniería, por supuesto que con ese plan era frecuente “especializarse” en ciertas materias y prolongar aún más el tiempo de la licenciatura).

Empezaron las prácticas de campo, y como parte de los reportes había que incluir fotografías. En ese tiempo aunque ya existían las cámaras digitales no estaban al alcance de todos, y las sencillas ofrecían una calidad que de poco servía para entregar un trabajo de licenciatura. Con una sencilla cámara Nikon análoga usualmente yo era el encargado de la brigada de hacer las imágenes, pues nunca había dejado de gustarme hacer foto. Aunque en honor a la verdad, mis fotografías no eran ni lejanamente artísticas, y en ocasiones no eran ni siquiera correctas.

Fue hasta algunos semestres más tarde que gracias a una beca pude comprarme una cámara con mayores prestaciones con las que pude por primera vez, poner en juego la creatividad. Por supuesto que si antes ya había sido el usual fotógrafo en las practicas, con esto me convertí en el definitivo de mi generación. Aunque claro, todo lo seguía haciendo de manera empírica y la experimentación era completamente libre y con resultados en ocasiones inesperados.

Así las cosas, hasta que un día estando en el Instituto de Geofísica, una amiga me envía por correo electrónico (aún era el medio de comunicación) una convocatoria para ser parte de la primera generación del Taller de Fotografía Creativa que se impartiría en la Facultad de Arquitectura. Había que presentar copia de credencial y última tira de materias, así como contestar un sencillo cuestionario. Todo esto dejarlo en una oficina cerca de Universum y esperar una semana los resultados por vía telefónica.

Llegó el día marcado y no recibí ninguna llamada. Por no dejar, me comuniqué para preguntar los resultados y al menos saber si habría una segunda convocatoria más adelante. La gran sorpresa es que me dijeron que sí había resultado seleccionado pero que mi número lo había escrito de manera incorrecta (o ilegible, siempre he tenido fea letra). Fue un parteaguas.

Así mismo pasaba en la geología del fotógrafo aficionado al definitivo, ahora trabajando en el Popocatépetl y haciendo fotografías no solo de la parte técnica, sino de paisajes y naturaleza.

Así un día elegí la fotografía. Aunque no se si fue la fotografía la que me eligió a mi.

Lo que siguió fue uno de los caminos más difíciles. Cuando elegí ser fotógrafo y dedicarme a esta actividad. Cuando entendí que tenía que aprender más y que no era fácil abrirme paso y colocarme.  Cuando supe que no era lo mismo buscar un trabajo que decidirme a emprender. Aún así no creo haber “perdido el tiempo”, mi formación ingenieril siempre ha sido muy positiva en fotografía. Voy sobre la resolución (real) de problemas, sobre resultados. Sin mencionar que la composición es simple geometría. La fotografía requiere -más que poesía- la resolución matemática de los problemas a los que uno se enfrenta.

Si una cosa les puedo decir, es que sigan lo que realmente desean, no lo que la sociedad quiere que sean. Solo tenemos una vida, no se les olvide.

¡Felices fotos!

Erik Murillo
Web: www.erikmurillo.com.mx

Publicado por

erikmurillo

Fotógrafo mexicano, trabajando en el área de fotografía comercial, books para modelos, moda, fotografía de producto, fotografía corporativa y fotografía aérea, entre otras ramas. Amante de la ciencia y de la vida.

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