Aquel gato.

Aquel gato. De Erik Murillo.

No voy a mencionar direcciones exactas ni lugares, pero por mucho tiempo supe que estaba ahí, aunque nunca lo hubiera tocado. Hacía ya algunos años que había identificado un gato asomado en la ventana de ese edificio, tomando el sol por las mañanas y observando la calle por las tardes.

Solía conversar con él imaginariamente, claro, y los temas eran diversos de acuerdo al momento. Así un día hablábamos del universo y la siguiente semana sobre filosofía. Sus respuestas casi siempre eran propias de un felino: irreverentes, graciosas, divertidas.

A veces la lluvia empañaba los cristales y no podía verlo, pero imaginaba que se encontraba recostado en un sillón o en una cama. Caliente, ajeno al frío de la calle y tranquilo. Pensando que mientras yo fantaseaba conversaciones humanas, quizá él soñaba con cacerías gatunas sobre un cojín de terciopelo.

En ocasiones -y pese al buen clima- no estaba ahí y me alejaba con un pequeño sentimiento de vacío por no haberlo visto, y por no tener con quien hablar durante el resto del camino a casa. Entonces me reía de mi  por llevar esta dinámica tan insólita y me sumergía en la dinámica que la sociedad juzga como normal, que ahora que lo pienso es tanto o más extraña que platicar mentalmente con un gato desconocido.

Llegué a saber mucho y nada de él: el color de su arenero, su rascador, las cortinas que se cambiaban cada determinado tiempo en aquel departamento de un segundo piso, supongo que gracias a sus afiladas garras. En realidad eran apenas unos segundos cada vez, tiempo suficiente para imaginar grandes y divertidas historias.

Un día amaneció como cualquier otro, sin novedad como la mayoría, pero  la tierra se movió después del medio día -con tal violencia- que la ciudad quedó transformada. En apenas unos segundos el lugar donde habitaba mi amigo desconocido desapareció en una gran nube de polvo.

Cuando volví a estar ahí no había más que escombros. De lejos se veían piedras, varillas, tubos, restos de azulejos. Más de cerca se veían libros, figuritas decorativas, partes de muebles, ropa, historias. Ahí cerca un rascador destrozado, un plato de comida, la foto de un gato en un pequeño porta retrato de madera roto y lleno de polvo. Una historia truncada en un día cualquiera.

Nunca más volví a verlo. Pero no dejo de recordarlo.

Dedicado a todas las historias humanas y animales que se rompieron aquel 19 de septiembre.

Erik Murillo
www.erikmurillo.com.mx

Autor: erikmurillo

Fotógrafo mexicano, trabajando en el área de fotografía comercial, books para modelos, moda, fotografía de producto, fotografía corporativa y fotografía aérea, entre otras ramas. Amante de la ciencia y de la vida.

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